EL MÉTODO IKIGAI PARA ENCONTRAR TU PROPÓSITO DE VIDA



La derivación de la palabra Ikigai no mantiene una traducción exacta, pero corresponde a aquello que le da sentido a nuestra vida. Es un encuentro a nuestra propia alegría y felicidad y es aquello que nos motiva a despertarnos cada mañana y forjar la vida que vale la pena. De acuerdo a la cultura japonesa, todos llevamos dentro un ikigai que puede cambiar en cada etapa de nuestra vida.

Así pues, reconocer nuestro ikigai es encontrar la mayor realización de nuestras vidas y que, no solo puede estar representado por un sólo propósito, pues nuestros sueños y metas no son exactamente iguales a los 17 que a los 40 años. Cada experiencia ayuda a forjar nuestros propios sueños y metas. 

Por eso es importante mantener una armonía en lo que dicta nuestro corazón, de lo contrario nos da la sensación de habernos desviado de nuestro camino y percibimos que poco a poco dejamos de tener el control de nuestras vidas. Es como si el entorno tuviera los hilos de tu destino en sus manos y eso forma parte de un desequilibrio a veces necesario, para crear una nueva oportunidad de volver a nuestra propia felicidad.

Los cambios han sido procesados como un "mal necesario" aunque no sea de esa forma en realidad. A veces un cambio en nuestras vidas es una oportunidad de revisar si el camino en el que nos encontramos es el correcto para nosotros. El libre albedrío está presente todo el tiempo, pero si algo he aprendido es a dejar a un lado mi propio temor a equivocarme, pues nuestras decisiones nos llevan hacia el sendero que hemos decidido tomar y poco a poco veremos si ese camino es para nosotros o no. Eso son los cambios, una serie de oportunidades que nos da la vida para ir hacia donde queremos. Si sientes que ya es tiempo de averiguar cómo funciona el método Ikigai, toma un cuaderno, un bolígrafo, date unos minutos para ti y continuemos.



Encontrando mis talentos

¿Recuerdas qué soñabas ser en la infancia? Todos nacemos con una luz especial que resalta mucho más cuando somos niños, pues nuestra niñez es un estado puro donde es más sencillo encontrar nuestro brillo especial, lo que se define como aquellas actividades en las que somos buenos y coexiste una sensación de motivación y gusto por hacerlas.

En este sentido nos encontramos a nosotros mismos durante la práctica. Así que anota en el cuaderno tus propias cualidades que has identificado desde que eras niño, No te limites en anotar todo lo que consideras que te define y aquellas cualidades que las personas a tu alrededor han identificado de ti mismo a lo largo de tu vida (familiares, profesores, amigos, clientes, compañeros de trabajo, tu pareja, tus vecinos, entre otros). Una vez hecha ésta actividad, elige 3 cualidades que más consideras que te definen como persona.

Hablando de tus sueños de la infancia...

La infancia es uno de los puntos más importantes al momento de encontrar tu ikigai, pues se habla de la esencia pura en la que sentimos la manifestación de nuestros deseos a manera de que "todo sueño es posible", lo cual es muy cierto, pero con el paso del tiempo, encontramos al futuro siendo un obstáculo para cumplir lo que anhelábamos de niños. 

Como adultos, las experiencias de vida nos ponen en prioridad la supervivencia (lo que incluye el valor monetario) guardando en un baúl nuestros deseos de ser astronautas, médicos, artistas, pilotos, inventores... sin embargo, cada profesión conlleva a una serie de habilidades que, muy probablemente, te fueron atribuidos en la niñez. Así que es momento de realizar un meditación que te lleve a tu pasado, es cuestión de cerrar los ojos, respirar profundo y concentrarse en buscar aquello que te emocionó por primera vez.

¿Qué es lo que te motivó en ese momento? Leer, cocinar, escribir, pintar con las manos, cantar, animar, crear obras de teatro para la familia, explicar, escuchar, cuidar, decorar, practicar deportes, soñar, observar la naturaleza, comunicar... todo es posible. Una vez hecho esto, escribe 5 actividades que te encantaba hacer. ¿Qué beneficios te trajo cada una de éstas actividades? ¿Cómo fueron recibidos por tu familia? ¿Qué sentimientos generan en ti? (motivación, angustia, indiferencia, felicidad...) ¿Consideras que aún despiertan en ti algún interés como para darle un lugar en tu vida? Anota todo ésto en el cuaderno.



Cuando el anhelo se transforma

Hablando en un sentido positivo, imaginemos que tus sueños ya forman parte de tu realidad actual, la sensación de dicha y felicidad es inimaginable, no siempre será perfecto, pero está presente en tu vida. Sin embargo, cuando nuestro camino nos ha llevado a prestar atención sólo a aquello que tenemos que hacer por sobrevivir, es natural sentir un poco de celos al conocer a una persona en armonía con su ikigai. La envidia puede convertirse en una guía poderosa para encontrar nuestro propósito de vida.

Así que analicemos por un momento esas sensaciones. En tres columnas dibujadas en el cuaderno, escribe tres razones para sentir celos, tomando como ejemplo alguna celebridad o alguien que conozcas y que consideres una persona exitosa, anota aquello que deseas para ti y que consideres que tienen ellos en sus vidas.

Para la segunda columna, se escribirá el deseo más importante que anida en tus sentimientos de celos ¿Qué es lo que detonan esas sensaciones?. Y en la tercera columna, anota todos los pasos que hay que seguir para conseguir ese sueño. Transforma tus anhelos en metas tangibles para iniciar tu llamado a la acción.




Como podrás ver, hay un montón de posibilidades para empezar a encontrar tu propósito, todo es cuestión de buscar el momento adecuado para iniciar con tus sueños y darle vida a eso que tanto imaginas. Como un secreto compartido te lo digo, el momento es ahora. Atrévete a equivocarte si lo necesitas para encontrar, respetar y dar vida a tu ikigai.




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